El mobbing laboral, presente también en las escuelas y colegios.

Este tema nos atañe a todos, es importante estar al día, conocer conceptos, porque verdaderamente esta situación se ha popularizado en el sector educativo, porque como en todo lugar de trabajo, hay personas capaces de hacer daño, lamentablemente en educación se puede observar que muchas veces las víctimas no son quienes hacen menos o no hacen su trabajo, sino más bien quienes lo hacen bien, parece que es más fácil serrucharle el piso porque si va muy rápido aquel, se nota la lentitud de los demás.

Invito a leer y analizar esta situación tan importante y tratar de detectar y evitar que suceda en nuestro entorno laboral.

Mobbing laboral.

Por: Néstor Morera Víquez y Patricio Morera Víquez.- “Estoy harto de mi jefe, todos los días molestándome sin razón, me hostiga y me humilla frente a los compañeros, creo que prefiero buscar un nuevo trabajo, mi tranquilidad vale más que todo”. Expresiones como esta, son cada vez más frecuentes en los distintos ambientes laborales de hoy en día. Trabajadores que se sienten asfixiados dentro de su propio entorno laboral cotidiano, con ocasión de las burlas, el choteo, las faltas de respeto o bien, del hostigamiento de su patrono o de sus compañeros.

El llamado mobbing laboral no es un tema reciente; la degradación reiterada y continua de un trabajador hasta producirle un estado de ofuscación psicológica, ha sido una práctica habitual en muchos ambientes laborales, no obstante, poco a poco ha comenzado a analizarse y a discutirse en los distintos ámbitos académicos de diversas disciplinas como: el derecho, la sociología, la psicología, etc. Por ejemplo, durante los años ochentas, el investigador Dr. Heinz Leyman, basado en las investigaciones de Charles Darwin y Konrad Zacharias Lorenz, observó que los comportamientos hostiles a largo plazo que se daban entre algunas especies de animales, también ocurrían en lugares de trabajo; el Dr. Leyman denominó esas situaciones como mobbing laboral, y lo definió como el “fenómeno en que una persona o grupo de personas, ejercen una violencia psicológica extrema, de forma sistemática y recurrente y durante un tiempo prolongado, sobre otra persona, en el lugar del trabajo, con la finalidad de destruir las redes de comunicación de la víctima, destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr finalmente que esa persona abandone el lugar de trabajo”. A efectos de lograr una mejor comprensión, es necesario precisar ciertos detalles de este fenómeno. El mismo puede darse tanto de manera vertical como horizontal. Esto quiere decir que es posible que se presente en la relación patrono-trabajador, como en la relación trabajador-trabajador. Esta última, cuando existe una tolerancia pasiva del empleador, quien omite acciones para corregir el problema. El mobbing también requiere que el hostigamiento y los abusos se den con frecuencia y no como hechos aislados.

De lo acotado anteriormente, debemos extraer ciertos elementos de importancia para determinar, sin confusiones, si en la situación particular, un individuo es víctima de este fenómeno o no. :

1. Es ejercido intencionalmente (La conducta persigue únicamente dañar la dignidad del trabajador, ya sea a nivel personal o laboral) por una persona o grupo de personas, tanto en relaciones laborales verticales como horizontales.

2. Se da una “persecución” a nivel psicológico de la persona, que se puede manifestar en conductas que afecten directamente su autoestima o su dignidad profesional.

3. La situación de acoso se da recurrentemente y se mantiene por un periodo prolongado de tiempo.

4. Lo que busca el acosador es destruir las redes de comunicación de la víctima, destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores, hasta lograr que la persona abandone el lugar de trabajo.

Es importante no confundir el fenómeno del mobbing laboral con figuras como el estrés laboral, desgaste profesional, acoso sexual, conflicto laboral u obligaciones profesionales; las cuales cuentan con su propio desarrollo normativo y jurisprudencial. Asimismo, el acoso laboral debe implicar acciones dirigidas contra una persona con la intensión de deteriorar su autoestima o su dignidad profesional de manera recurrente por un periodo extenso de tiempo.

De igual forma, es necesario indicar que el mobbing laboral ocurre tanto a nivel vertical como horizontal. Con esto nos referimos a que es común pensar que el fenómeno bajo estudio, solo se da a nivel de patrono versus trabajador, sin tomar en consideración que puede ocurrir en el otro sentido, es decir trabajador versus patrono, o incluso entre compañeros de trabajo en igual jerarquía. No se puede precisar con exactitud qué factores son los que ocasionan que el acoso laboral vaya en aumento; sin embargo, podemos hacer acote en una serie de factores que permiten que las personas sean víctimas de este fenómeno, como los siguientes:

1. Organizaciones de trabajo deficientes.

2. Conflictos no resueltos adecuadamente.

3. Justificación débil de los despidos.

4. Desplazamiento de la víctima de su puesto de trabajo, con la finalidad de colocar a otro trabajador en su puesto.

5. Aislamiento de una persona que puede opacar el desempeño laboral del acosador.

6. Una mala capacitación a la hora de manejar personal.

En la mayoría de las causas indicadas anteriormente, el acoso laboral se ocasiona por una perdida drástica en los valores de solidaridad, ayuda y sobre todo respeto a la dignidad de las personas.

Al ser el mobbing laboral un fenómeno de carácter progresivo, el mismo se manifiesta en una serie de etapas. En un estudio realizado por la Procuraduría General de la República , se consideró que el mobbing laboral se da en cinco etapas, lo que no infiere que sean las únicas, pero serán las estudiadas en el presente artículo.

Etapa 1: Se da un incidente crítico, un conflicto que se desarrolla poco a poco entre el acosador y su víctima.

Etapa 2: Es la fase de acoso y estigmatización, donde se observan los comportamientos violentos, contra la dignidad personal y laboral de la víctima, en forma repetitiva.

Etapa 3: Cuando interviene la Dirección, es decir una línea jerárquica ascendente: jefes, gerentes o directores, se tiene a responsabilizar a la víctima y no al acosador, lo que provoca que la persona sufra una re-victimización.

Etapa 4: En razón de la fase anterior, se decide enviar a la víctima a ayuda especializada fuera del lugar de trabajo, donde generalmente se da un diagnostico incorrecto de la situación, se le dice a la persona que sufre de este fenómeno que lo que tiene es estrés, depresión, personalidad paranoide, entre otras enfermedades de índole similar.

Etapa 5: Finalmente, se da la renuncia o la salida de la persona víctima del mobbing laboral de su lugar de trabajo.

Siguiendo este orden de ideas, en un estudio realizado por la Universidad Nacional en el año 2006, se puntualizan los siguientes comportamientos como acoso laboral: Restringir a la víctima las posibilidades de hablar con sus compañeros, separándola físicamente o prohibiendo conversarle, Obligarle a ejecutar tareas contra su voluntad, sin sentido o degradantes, o no asignarle trabajo; Juzgar su desempeño de manera ofensiva, Cuestionar sin razón sus decisiones, Retirarle la palabra o ignorar su existencia; Criticar permanentemente forma de actuar o de pensar o su vida privada, Terror telefónico; Ridiculizar, burlarse o atacarle públicamente, Difundir rumores o hablar mal de ella a sus espaldas; Gritar, insultar, amenazar y hasta agredir físicamente, Control estricto de sus acciones.

En lo que respecta a la legislación costarricense en materia de trabajo, el mobbing laboral, no se encuentra tutelado expresamente por norma alguna. Sin embargo, a raíz de su estudio en otras latitudes y de los preceptos establecidos en algunos Convenios Internacionales, la Sala Segunda de la Corte Suprema de Justicia, se ha pronunciado declarando su existencia y aplicación en nuestro país. Se ha reconocido la pertinencia del abandono del centro de trabajo con responsabilidad patronal cuando la situación del hostigamiento sea intolerable para el trabajador. Antes bien, la dificultad que presenta el reconocimiento de este derecho, es que el onnus probandi o carga de la prueba corresponde al trabajador, él cual muchas veces se encuentra un una posición más débil dentro de la relación, lo que puede devenir en dificultades para obtener fundamento probatorio que sustente su derecho.

Fuentes consultadas

Estudio de las señoras MSc. Irina Delgado Saborio y MSc. Maureen Medrano Brenes “Acoso Laboral: Conducta Contraria a la Ética y los Valores”, disponible en la páginahttp://www.pgr.go.cr.

Artículo del Dr. Jorge Enrique Romero Pérez “Mobbing Laboral: acoso moral, psicológico”, disponible en http://www.iij.derecho.ucr.ac.cr

Artículo de la señora Maribelle Quirós J. “Terrorismo en las organizaciones”, disponible en la página http://www.una.ac.cr.

Página de la Sala Segunda de la Corte Suprema de Justicia, http://www.poder-judicial.go.cr/salasegunda

Advertisements

Un bello abecedario

Hola, queridos colegas y amigos de este blog, hace días no posteo nada pero aquí tengo un bello regalo para quienes deseen utilizar letras decoradas para carteles y rótulos. Lo agrego principalmente porque contiene signos de puntuación y numerales para que podamos escribir cualquier mensaje completito con la misma decoración.

Espero que les sirva y que les guste.

COn mucho cariño.

Reflexionemos!!!!!

lunes 12 de julio de 2010

ADOLESCENTES QUE NO ESTUDIAN NI TRABAJAN EN AMÉRICA LATINA / por Vanesa D’Alessandre (Argentina)


Vanessa D’Alessandre es Socióloga;

se desempeña en la actividad privada

y en vinculación con la SEDRONAR,

(Secretaría de Programación para la Prevención de la

Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico),

organismo responsable de coordinar las políticas nacionales

de lucha contra las drogas y las adicciones en la República Argentina.


INTRODUCCIÓN

La adolescencia es una fase del ciclo vital, breve, intensa y caracterizada por cambios repentinos. Es una categoría conceptual socialmente construida y relativamente reciente en la historia de occidente. De este modo, no se limita a una franja etaria, sino a un modo de relacionarse con los cambios físicos impuestos desde la biología y con las expectativas a través de la cuales cada sociedad, a lo largo del tiempo organiza y regula ese proceso. Es un momento vital en donde el conflicto intergeneracional es deseable –necesario, imprescindible- para la renovación de las dinámicas familiares.

Un momento en donde paulatinamente la centralidad de la familia de origen se desdibuja de cara al grupo de pares, y los escenarios sociales e institucionales que habilitan estas nuevas interacciones. Los adolescentes, idealmente, interpelan y redefinen su relación con el entorno. En este sentido, la adolescencia alude a un modo de habitar el mundo en tiempo presente. No obstante, la adolescencia es también un momento de transición entre la infancia y la vida adulta.

Una nueva etapa en la socialización en donde se ponen en acto los recursos adquiridos durante la niñez al servicio de una mayor autonomía. La adolescencia en este sentido puede caracterizarse también como un impulso hacia afuera.

A la vez, la adolescencia se sitúa en una franja etaria de límites variables según el contexto social, momento histórico o disciplina desde la cual se la aborde. Para la elaboración de este cuaderno, se trabajó con la población de 12 a 17 años dado que es el grupo de edad que mejor se ajusta a las edades teóricas de inicio y culminación del nivel secundario. Desde esta perspectiva ¿cuántos adolescentes hay en América Latina?

De acuerdo a la última información disponible el 12% de la población latinoamericana es adolescente. Es decir, del total de 565 millones de latinoamericanos3, 69 millones tienen entre 12 y 17 años, se distribuyen por sexo en forma pareja, mayoritariamente viven en ciudades y conviven junto a, por lo menos, uno de sus padres.

Como es sabido, la estructura poblacional guarda relación con el nivel de desarrollo de los países.

Los países del Cono Sur son aquellos en donde la proporción de población de entre 12 y 17 años es menor, en contraposición con los países centroamericanos en donde la población adolescente representa entre el 14 y 16% del total.

El tránsito desde la adolescencia al mundo adulto estuvo tradicionalmente atravesado por la tensión entre la incorporación al mercado laboral y la permanencia dentro del sistema educativo.

En este sentido, se produjeron importantes avances en el reconocimiento de que la formación de sujetos y ciudadanos plenos requiere más tiempo que en épocas pasadas debido, fundamentalmente, a que los recursos para participar e integrarse a sociedades complejas son cada vez mayores.

Esta certeza se expresa en la creciente incorporación de la escuela media dentro del ciclo de educación obligatoria. En la actualidad, prácticamente en todos los países latinoamericanos la educación obligatoria se extiende hasta completar diez años de escolarización mientras que, en algunos casos, alcanza a la totalidad del nivel medio.

De este modo, la escuela media deja de ser –al menos normativamente- una opción y se instaura como un derecho irrenunciable que convoca a los adultos de referencia y a los Estados a sostener y garantizar una educación de calidad.

En este marco, el trabajo en la adolescencia –si bien implica nuevas interacciones con el mundo adulto- lejos de ofrecer recursos para el ejercicio y fortalecimiento de la ciudadanía, opera como obstáculo en tanto interfiere en la trayectoria educativa. Se han hecho importantes progresos en este sentido durante la última década, en tanto con diferentes velocidades pero de manera sostenida, todos los países para los que se cuenta con información han registrado una mejoría en su capacidad de incorporar y retener a los adolescentes dentro del sistema educativo.

De hecho, la probabilidad de que un adolescente termine sus estudios del nivel medio e incluso continúe su formación en el nivel superior aumentó aproximadamente un 22%. Esto es, entre quienes tienen actualmente entre 20 y 25 años, el peso relativo de la población que terminó sus estudios secundarios, que estudia una carrera del nivel superior o que la terminó, es un 22% mayor que el mismo grupo entre la población de entre 30 y 35 años.

No obstante, el doble proceso de incorporación masiva de los adolescentes a la escuela y su retirada del mercado laboral está todavía inconcluso.

Aún hoy, en algunos países el grupo de adolescentes que estudia y no trabaja -esto es, la situación deseable- representa solo a la mitad de los adolescentes. Las tasas de actividad entre

la población escolarizada siguen siendo elevadas, y en los países en donde la situación es más crítica, se acerca al 30%.

Asimismo, todavía hay 11 millones de adolescentes excluidos del sistema educativo formal. En la región, aproximadamente uno de cada diez chicos de entre 12 y 14 años y un cuarto de los adolescentes de entre 15 y 17 años no asiste regularmente a la escuela.

Sin embargo, no todos los adolescentes participan del mercado laboral. En este grupo, las tasas de actividad fluctúan entre el 40% y el 80% según el país.

De este modo, surge un conjunto de adolescentes doblemente excluido. Es decir, excluidos de la oportunidad de participar del entramado social a través del trabajo, pero fundamentalmente conforman un grupo que la escuela no está pudiendo incorporar plenamente, aún en un contexto de fuerte expansión.

En pocas palabras, en América Latina hay alrededor de 5 millones de adolescentes para los cuales el paso a la vida adulta se está dando, en principio, por otros carriles que los previsibles, y cabe pensar si en algunos casos no se trata tan solo de un impulso vital vaciado de su potencialidad para ampliar las oportunidades futuras de integración social.


LA TENSIÓN ENTRE ESTUDIAR Y TRABAJAR

Antes de adentrarse en el análisis del grupo de adolescentes que no estudian no trabajan ni buscan trabajo es imprescindible jerarquizar los términos que lo definen.

En principio, es indudable que la condición de exclusión educativa determina una situación de vulnerabilidad que no es compensada en ninguna forma por la inserción en el mercado laboral. Aún así, en este texto se enfatiza en la conceptualización de la adolescencia como aquella etapa en la socialización en donde idealmente se incorporan nuevos recursos para la plena integración social a la vida adulta, y en este sentido, trabajar o no trabajar establece una diferencia.

Aún cuando en la mayoría de los casos los adolescentes trabajan en condiciones laborales indeseables y desprotegidas, esta práctica los acerca, aunque en forma insatisfactoria, a un entramado de relaciones sociales y a una dinámica propia del mundo adulto. De este modo, desde el punto de vista adoptado en este texto, no estudiar y tampoco trabajar, constituye un escenario de doble exclusión, que merece una atención diferenciada.

Ahora bien, un primer aspecto que se destaca del grupo de adolescentes que no estudian ni trabajan es que se expande con la edad y de este modo se enmarca en un proceso más general, ampliamente conocido: a medida que los adolescentes crecen, la escuela pierde matrícula. Es así, que la disminución del peso relativo del grupo escolarizado entre los 12 y 17 años para el conjunto es del 31%.

No obstante este valor está ampliamente polarizado5. En efecto, Chile, con tasas de escolarización a los 12 años muy elevadas sufre una pérdida acumulada casi cinco veces menor que Honduras o Guatemala. A la vez, en estos países, el desplazamiento de la escuela de la vida de los adolescentes se da más tempranamente que en aquellos donde la brecha entre la proporción de población escolarizada entre los 12 y 17 años es menor.

Esto es, aquellos países que lograron incorporar una mayor cantidad de niños a la escuela consiguen también retenerlos por más tiempo. Esta tendencia se ratifica al incorporar al análisis el capital educativo del hogar.

La desescolarización es una problemática claramente vinculada con la posición del hogar en la estructura social. Es así que la reducción de la tasa de escolarización entre los adolescentes provenientes de los sectores menos favorecidos –quienes a su vez como grupo parten de valores más bajos- cuadriplica a la del grupo de adolescentes con más recursos socioeconómicos.

Ahora bien ¿en qué medida el mercado laboral incorpora a los adolescentes que interrumpieron sus estudios? ¿En qué medida los adolescentes que trabajaban y estudiaban priorizaron o se vieron obligados a abandonar la escuela? ¿Se conforma algún perfil definido?

Indudablemente.

Si bien a medida que aumenta la edad comienzan a aparecer otros motivos asociados a la interrupción de las trayectorias educativas además de las dificultades materiales7, la amenaza de la deserción temprana es una realidad mucho más frecuente entre los adolescentes provenientes de los sectores más desfavorecidos que entre quienes conviven con adultos de alto capital educativo.

Basta con observar que a los diecisiete años nueve de cada diez adolescentes provenientes de los hogares socio económicamente mejor posicionados asiste a la escuela en tanto la mitad de los más pobres a esa edad ya interrumpió sus estudios. Asimismo, se observan comportamientos diferenciales respecto al mercado laboral.

Esto es, si bien la cantidad de adolescentes que no asisten regularmente a la escuela y tampoco trabajan provienen en gran mayoría de los estratos más pobres, la probabilidad de que un adolescente desescolarizado trabaje es mayor entre aquellos que provienen de los sectores sociales más bajos que entre aquellos adolescentes que viven en los hogares de mayores recursos socio económicos. Es decir que en los sectores más pobres la tensión entre el trabajo y el estudio es más intensa mientras que en los estratos más altos el vínculo entre la deserción y la incorporación al mercado laboral es más endeble.

Por último, la proporción de adolescentes desescolarizados es similar entre varones y mujeres.

No obstante, la relación con el mercado laboral está claramente atravesada por el género. Esto es, por cada mujer desescolarizada que trabaja o busca trabajo hay dos varones en la misma situación. Esto posibilita una lectura complementaria a la afirmación del párrafo anterior: cuando los adolescentes no estudian si son varones muy probablemente trabajen, y si son mujeres, es más frecuente que a la exclusión educativa se sume la exclusión laboral.


LOS ADOLESCENTES QUE NO ESTUDIAN, NO TRABAJAN,

NI BUSCAN TRABAJAR

¿Quiénes son?

No es necesario hilar fino para comprender que se trata de un grupo de adolescentes socialmente vulnerado. La exclusión simultánea y tan temprana de los espacios históricamente vinculados con las oportunidades de movilidad social es indudablemente expresión de una historia, un presente y -de no revertirse- un futuro de privaciones y acumulación de desventajas. En principio, su prevalencia aumenta en los países más pobres.

La proporción de adolescentes de entre 12 y 17 años que no estudian ni trabajan en Guatemala, Honduras o Nicaragua, triplica a la de Chile o Argentina8. Una excepción es Bolivia, en donde a pesar de ser un país con arraigados niveles de pobreza, el grupo de adolescentes que no estudia ni trabaja es comparativamente muy pequeño.

A la vez, en las zonas rurales el grupo de adolescentes que no estudia ni trabaja es casi el doble que en las ciudades. En efecto, con excepción de Colombia, en donde probablemente estén incidiendo los desplazamientos forzados de poblaciones rurales hacia las grandes urbes, en todos los países considerados la probabilidad de hallar un adolescente que no estudie ni trabaje es superior en las áreas rurales que en las urbanas.

En estos casos, es probable que a las desventajas vinculadas con las condiciones materiales de vida se sumen problemas de oferta de servicios educativos9. La brecha geográfica es especialmente amplia en Honduras, El Salvador, Guatemala, Panamá y Paraguay; menos pronunciada en Ecuador, Costa Rica, Nicaragua y México, y casi imperceptible en Chile, República Dominicana, Brasil y Bolivia.

Como se sugirió anteriormente, un rasgo característico de este grupo de adolescentes es la marcada presencia femenina. En todos los países el grupo de adolescentes que no estudia ni trabaja está compuesto mayormente por mujeres. Las brechas más extensas se observan en Guatemala y Paraguay en donde la proporción de mujeres por fuera de ambos espacios de interacción social quintuplica a la de los varones.

En el otro extremo se ubican República Dominicana, Chile y Argentina en donde la diferencia por sexo del peso relativo del grupo de adolescentes que no estudian ni trabajan no supera los dos puntos porcentuales.

Asimismo, la probabilidad de encontrar un adolescente que no estudie ni trabaje es más pronunciada entre los hogares con bajo capital educativo que en aquellos donde los adultos acumularon más años de estudio. Este dato, sumado a la información previa, permite varias lecturas. En primer lugar el nivel educativo de los adultos del hogar expresa una historia social, un contexto de posicionamientos diferenciales en la estructura social.

En este sentido, se observa una vez más cómo las desventajas acumuladas se transmiten intergeneracionalmente por múltiples vías entre las cuales la relación entre el nivel de instrucción y calidad de la inserción ocupacional es una de las más significativas. Esto es, en los casos en que los adultos con bajo nivel educativo tienen trabajo, su inserción ocupacional suele estar limitada a los sectores menos productivos de la economía y al sector informal.

En este contexto, los adolescentes forman parte de los recursos que el hogar necesita movilizar con el propósito de acceder a un mínimo de bienestar. De este modo, la deficiente e inestable relación de los adultos de los hogares más pobres con el mercado laboral constituye un factor asociado a la interrupción anticipada del vínculo de los adolescentes con la escuela en tanto son impulsados a ocupar roles dentro de la familia orientados a complementar los ingresos familiares o a facilitar que los adultos los consigan, cuidando la vivienda, a los niños pequeños, o haciéndose cargo de las actividades domésticas.

Frente al desafío cotidiano de construir bienestar, los adolescentes de los hogares más vulnerables se instauran como “variables de ajuste” de primer orden.

En segundo lugar, el nivel educativo y especialmente la duración que en el pasado o incluso en el presente, caracteriza la relación de los adultos con el sistema educativo, es un indicio que permite dar cuenta de una percepción sobre el grado de afinidad de esa familia con el sistema escolar, y que muy probablemente se actualice en la definición del vínculo entre los adolescentes y la educación formal.

En efecto, la información disponible en las encuestas de hogares de algunos países de la región da indicios acerca del modo en que algunos aspectos subjetivos, como el desinterés y la falta de representaciones capaces de sostener el vínculo con la escuela emergen como una declaración fuerte que se suma o desplaza a los obstáculos asociados a las dificultades económicas.

En este sentido, es importante no perder de vista que no sólo las desventajas materiales se transmiten de generación en generación, sino que también los recursos subjetivos que permitirían el aprovechamiento de oportunidades, aquellos que como la escuela, al menos en términos formales se traducirían en un futuro socialmente superador, están condicionadas por el contexto en el que se forman los sujetos y con la capacidad que las respectivas instituciones, en este caso la escuela, tengan para procesarlo de cara al cumplimiento de sus objetivos declarados.

Un contexto en el que la familia sin dudas ocupa un lugar central en las decisiones que tome un adolescente en relación con su futuro; pero también un barrio, una ciudad, un espacio social de interacción.

En efecto, es posible imaginar que la presión silenciosa que ejerce sobre un adolescente el hecho de formar parte de una comunidad donde una proporción considerable de los jóvenes y adultos se encuentra cursando, culminó sus estudios secundarios o superiores, es tanto o más intensa que aquella implicada dentro del hogar de origen.

A la vez, esta perspectiva interpela fuertemente a la escuela en tanto se muestra incapaz de contrarrestar los estímulos hacia la deserción. En este sentido, es indudable que la valoración de los adultos y adolescentes hagan de la escuela depende en gran medida de las estrategias de acercamiento efectivas que esta despliegue para incorporar a las familias históricamente excluidas de ejercer plenamente su derecho a la educación.

Esta decisiva y compleja articulación entre aspectos materiales y subjetivos ligados a las posibilidades reales de apropiación de las oportunidades que ofrece la escuela, pueden ser también un aporte para comprender el perfil diferencial de este grupo de adolescentes. Esto es, un fenómeno que se distingue por ser mucho más pronunciado en los países más pobres de la región, en las áreas rurales, en los hogares con bajo capital educativo y fundamentalmente una situación mucho más frecuente entre las mujeres que en los varones.


SITUACIÓN EDUCATIVA DE LOS ADOLESCENTES

QUE NO ESTUDIAN NI TRABAJAN

¿En qué momento se vio truncada la trayectoria escolar de los adolescentes que no estudian ni trabajan? La situación más frecuente en este grupo es haber interrumpido el vínculo con la educación formal sin haber accedido al nivel medio, durante la escuela primaria o una vez que terminaron el nivel.

Las situaciones más críticas se observan en Guatemala y Honduras donde prácticamente la totalidad de este grupo de adolescentes abandonó la escuela antes de ingresar al secundario.

Asimismo, el grupo de países en donde las tasas de escolarización entre los adolescentes son más altas: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador y México, es también aquel en donde la deserción de los adolescentes que no estudian ni trabajan se da más tardíamente.


Este panorama se refuerza con una evidencia inquietante. En todos los países considerados hay un grupo de adolescentes que nunca ingresó al sistema educativo formal. Entre ellos, la gran mayoría son analfabetos. El peso relativo de este grupo dista de ser marginal. Las situaciones más críticas se observan en Guatemala y Nicaragua en donde un cuarto del conjunto de adolescentes que no estudia ni trabaja nunca accedió a la educación formal, en tanto en República Dominicana, Brasil, El Salvador y Honduras esta proporción se encuentra entre el 11 y el 15%.

De este modo, la exclusión educativa y su situación más crítica –el analfabetismo- constituyen rasgos alarmantes y distintivos de este grupo poblacional.


LOS HOGARES DE LOS ADOLESCENTES QUE NO ESTUDIAN NI TRABAJAN

Las Encuestas de Hogares permiten dar cuenta en gran medida de las relaciones de parentesco que vinculan a las personas convivientes dentro de un hogar. En relación con los adolescentes que no estudian ni trabajan, esta información es un importante recurso para esbozar a grandes rasgos las responsabilidades a las que se encuentran expuestos, en tanto permite identificar la etapa del ciclo vital que está atravesando el hogar y el rol que el adolescente desempeña dentro de la estructura parental.

En efecto, si el adolescente que no estudia ni trabaja es el jefe o cónyuge del hogar, es posible imaginar un contexto en donde la etapa de formación está siendo desplazada o postergada en vistas al ingreso a la vida adulta anticipada.

Otra situación es aquella en que los adolescentes desescolarizados e inactivos son yernos o nueras del jefe de hogar. En estos casos, muy probablemente se trate de parejas jóvenes que ante la falta de recursos para conformar y sostener un hogar independiente viven bajo el mismo techo que los padres de uno de los integrantes de la pareja.

Otro aspecto determinante de la dinámica de un hogar es la presencia de niños pequeños.

Cuando estos son hijos de los adolescentes que no estudian ni trabajan claramente dan cuenta de situaciones en donde la crianza desplaza a la etapa de formación; no obstante, si estos son sus hermanos lleva a preguntarse en qué medida los adolescentes del hogar –en la práctica fundamentalmente las mujeres- son requeridos para acompañar y sostener las tareas de los adultos relacionadas con la crianza de sus hijos pequeños.

Del análisis de la información disponible se desprende que los aspectos que diferencian a los hogares de este grupo específico de adolescentes del resto, es la relación de parentesco que los vincula con el jefe de hogar y la convivencia con niños pequeños. Esto es, la probabilidad de que un adolescente no sea hijo del jefe y/o que conviva con niños menores de 6 años es muy superior en los hogares donde al menos hay un adolescente que no estudia ni trabaja que en el resto de los hogares con adolescentes. En gran medida se trata de adolescentes que encabezan el hogar o son yernos o nueras del jefe del hogar.

Si bien se observan diferencias según el estrato social y área geográfica, en relación con la composición de los hogares de los adolescentes que no estudian ni trabajan y el resto, el sexo es de las tres, la variable de mayor capacidad explicativa. En principio y como se mencionó anteriormente, el grupo de adolescentes desescolarizado e inactivo está conformado mayormente por mujeres. Asimismo, el grupo de mujeres adolescentes que no estudian ni trabajan se distancia del resto de las mujeres adolescentes, conformando un perfil más delineado en sus contornos que el resto de los grupos considerados.

De hecho, dos de cada diez mujeres adolescentes que no estudian ni trabajan son cónyuges, nueras o jefas de hogar cuando prácticamente ninguna de las mujeres adolescentes que estudian y/o trabajan ocupan esta posición dentro del hogar del cual forman parte. A esto se suma que la mitad de las mujeres

adolescentes en esta condición conviven con niños menores de seis años en tanto esta proporción se reduce en 20 puntos porcentuales para el resto de las mujeres adolescentes.


A MODO DE CIERRE

La revisión de la información presentada en este estudio permitió esbozar algunas situaciones específicas dentro del grupo de adolescentes que no estudian ni trabajan que si bien no lo abarca en su totalidad no deberían pasar inadvertidas en el campo de las políticas sociales y educativas.


En primer lugar, se destaca un grupo de personas de 12 a 17 años históricamente vulnerado.

De este modo, si como se dijo anteriormente, la adolescencia constituye una etapa en la socialización caracterizada por la paulatina incorporación de recursos para participar activamente en la vida adulta, estaríamos frente a un grupo de personas para quienes la adolescencia nunca comenzó.

Esto es, personas que nunca accedieron a la primera instancia del pasaje de la familia hacia la vida social –los primeros años de educación básica- y que para el conjunto de la sociedad, se da idealmente durante la primera infancia, a través de la educación inicial. En este grupo las elevadas tasas de analfabetismo sugieren historias familiares signadas por la exclusión social, en donde el vínculo con la escuela no alcanzó siquiera a comenzar.

La contundencia de esta situación es indiscutible, pero aún así es importante considerar que la información disponible hace referencia a la exclusión del sistema educativo formal, cuando en algunos países se encuentra considerablemente expandida la oferta informal. No obstante, aún contando con algún tipo de formación, es importante no perder de vista que esta no ha sido suficiente para incorporarse al mercado laboral.


En el otro extremo, se encuentran aquellos adolescentes que por uno u otro motivo, abandonaron su adolescencia tempranamente para posicionarse de lleno en los roles de la vida adulta.

Es el caso de los varones y mujeres que siendo muy jóvenes interrumpieron sus estudios para conformar un hogar, independiente o al interior del hogar de origen de uno de los miembros de la pareja, o las madres o padres adolescentes que no conviven con sus parejas que viven solos o junto a sus padres.


Por último, se identificó a un grupo -numéricamente el más importante de los tres conformado por quienes interrumpieron su adolescencia para sumarse a los adultos en la construcción del bienestar del hogar.

En este contexto es importante destacar que si bien la probabilidad de abandonar los estudios es similar para los varones y las mujeres, existe una marcada prevalencia femenina en el grupo de adolescentes que no estudian ni trabajan, lo cual se contrapone con las elevadas tasas de actividad entre los adolescentes varones desescolarizados.

Frente a esta evidencia, se vuelve imprescindible reflexionar en primer lugar, acerca del modo en que la vulnerabilidad socio económica de los hogares corroe las condiciones de estabilidad necesarias para que los adolescentes puedan permanecer estudiando y en el caso específico de los adolescentes que no estudian pero tampoco trabajan, el modo en que el género condiciona la forma que finalmente adoptará este involucramiento.

Oración por doña Nancy Chaverri

Les comparto este correo que me envía la prima de la maestra que se encuentra delicada. Solo para que reflexionemos un poco. Saludos.
Nancy Chaverri Jiménez es prima mía, es una persona con grandes cualidades, ante todo la caracterizan su buen humor, su jovialidad  y sus inquebrantables principios de ética y moral.   Para Nancy, formada en un hogar donde la rectitud  y la honestidad son su característica principal y con una gran devoción a Dios y a la Virgen, la Educación es más que una profesión, es una vocación.  Ella estudió Ingeniería Industrial en la Universidad de Costa Rica y decidió insertarse en el campo  de la Docencia y por ello se preparó  y sacò una maestría .   Prácticamente su vida laboral la ha dedicado a FORMAR, no a enseñar.  Pues es claro que para ella la Educación no consiste únicamente en hacer que los estudiantes adquieran  conocimientos sino que se ha preocupado siempre en  formar estudiantes críticos, respetuosos y sobretodo RESPONSABLES.

Cuando recibí la llamada telefónica diciendo que un alumno le había disparado….me invadió en principio la rabia, luego la incertidumbre y  finalmente lo que sé que Dios esperaba de nosotros:   la necesidad de orar…de pedirle a Dios misericordia por el dolor que esta noticia trajo a toda una familia… a sus maravillosos hijos…a su esposo, a su madre, a sus hermanos y a toda una familia que ha compartido con ella momentos tanto de felicidad como de tristeza y a pedir por el dolor que probablemente su cuerpo esté sintiendo…

Hemos pasado orando y sé que Dios es grande y nos ha dado una gran lección de amor incondicional…como docente pido que oremos por ella y por todos los que trabajamos con niños y adolescentes, que reflexionemos y hagamos reflexionar a los padres de familia quienes muchas veces exigen de nosotros más de lo que ellos mismos pueden dar…Cada alumno nuestro es un hijo más, nos llevamos a la casa sus inquietudes, sus sufrimientos, sus alegrías…en muchos casos nos convertimos en sus consejeros pues no hay un espacio dentro del hogar para dialogar y compartir con ellos.  Lo que le sucedió a Nancy es producto de una sociedad consumista, nos hemos dedicado como padres a trabajar para darles a los hijos todo lo material que nos piden, un I-pod, internet, celular, televisor plasma, juegos que ni siquiera supervisamos y en los que los niños y jóvenes tienen como meta matar, despedazar , mutilar cuerpos….juegos de carreras de carros en donde gana el más atrevido, el que logra esquivar más carros , y logra escaparse de la policía ya sea manejando a altas velocidades, ocasionando accidentes en una autopista o ciudad , atropellando transeúntes o disparándole a la policía…Sí ,esta es nuestra realidad…nos hemos convertido en padres cómplices de una deformación de valores…¿Dónde quedaron los domingos familiares? ¿En qué momento nos sentamos a conversar con nuestros hijos?  Nos preocupamos en exigirles notas de 90 o 100 pero nos despreocupamos de saber cómo las obtuvieron…muchos padres se vuelven alcahuetas y reclaman hasta medio punto en un examen pues sus hijos tienen que llevar cien corrido…si un maestro considera que no lo merece , acuden entonces al director o amenaza con llevar el caso al MEP, entonces muchos prefieren convertirse en profesores mediocres y simplemente le dan gusto al padre de familia , hay escuelas en donde los mismos directores pràcticamente obligan a los maestros a pasar a los alumnos porque “pobrecito” tiene tantos problemas en la casa…”pobrecito…es que ….”…esa cultura del pobrecito está haciendo que los niños y jóvenes se vuelvan también mediocres y los padres de familia se acostumbren a que es obligaciòn de los educadores darles todo cuanto quieren sus hijitos, no me lo regañe…no le haga malos ojos…no lo corrija….todo es un trauma para los pobres niños….pero no toman conciencia que el mayor trauma y daño se lo están haciendo ellos como padres que no tienen tiempo para compartir…tiempo para inculcar valores, tiempo para abrazar y decirles que los aman y que hay actitudes que DEBEN cambiar…no se trata de aceptarlos completamente como son…NO, como padres podemos influir en sus conductas negativas y es nuestro deber encaminarlos…Pido una cadena de oraciòn por NANCY quien hoy es una vìctima de un sistema educativo asfixiante, con exigencias tanto para el docente como para el alumno que muchas veces se convierten en frustraciones que exasperan y se vuelven incontrolables….La ùltima vez que me comuniqué con Nancy  le habìa enviado un escrito que decìa “Marcha por la indecencia”…y al final me decìa…”ojalà te publiquen este artìculo en La Naciòn”….Como sè que yo hablo mucho y cuando escribo escribo demasiado…sè que aun habiéndolo enviado no me lo hubieran publicado, por eso hoy me animo a escribirles a ustedes y les pido que pasen este documento a sus compañeros de trabajo…Por Nancy…por su familia…por todos los estudiantes de nuestras aulas dediquemos una noche más de oración…Por todos y cada uno de los maestros y maestras de Costa Rica, y por la sabiduría que debe poseer quienes dirigen el Ministerio de Educación para que piensen y escuchen lo que necesitamos como docentes…que no nos dejen a merced de los menores de edad que se están adueñando de nuestras escuelas porque no se pueden corregir en el acto sus conductas inadecuadas…muchos colegas prefieren llevarse un coleròn y callar antes de corregir una conducta de malacrianza o insolencia pues hay que hacer todo un papeleo para seguir EL DEBIDO PROCESO, de lo contrario somos nosotros los docentes quienes terminamos siendo castigados por la justicia por cometer LA INJUSTICIA DE CORREGIR UNA CONDUCTA REPROCHABLE!!

Por favor en cuanto recibas este e-mail, no te lo dejes envíalo con las mejores vibras y con una oración hecha en el silencio de tu corazón…UN ABRAZO..

Opuestos coloridos

Los siguientes son dibujos que representan las imágenes de situaciones opuestas.
Tiene varias utilidades, principalmente para valorar o diagnosticar la capacidad de los estudiantes, para reconocer los contrarios, pero también sirven para exámenes y material de trabajo en clase.
Espero que les sean de utilidad y las aprovechen mucho.


Con cariño
Wendy

Estrategias para mejorar el lenguaje

El trabajo en  el proceso de obtención del lenguaje, requiere que el docente logre exteriorizar ante el estudiante, su mejor uso de vocabulario, pronunciación, articulación y demás aspectos que el niño deba mejorar.

Es importante evitar que el docente mastique chicle, o hable con algún objeto dentro o en frente de su boca, para que el estudiante imite los movimientos que observa, en ocasiones es recomendable utilizar la exageración de los movimientos de la boca para que sea más obvio el proceso que se lleva a cabo en la correcta pronunciación de los fonemas.

Algunas ideas que pueden permitir dar apoyo en el proceso de lenguaje son: el uso de láminas (ilustraciones, carteles, cuentos, etc) para que los niños acompañados por la guía y el modelaje del adulto, inventen sus propias historias.

El componente emocional acompaña permanentemente este proceso, por tanto es común que los niños se muestren inhibidos para pronunciar palabras y frases, debido al temor que siente, tanto a equivocarse como a ser corregido, ya que esto le ocasiona un sentimiento de incomodidad, pues en general los problemas de lenguaje, no son voluntarios, por tanto, aunque el niño intenta hacerlo bien, comete errores.

En ocasiones el problema de lenguaje se debe a un mal aprendizaje de la pronunciación de las palabras, causado por costumbres regionales o familiares, por lo que el niño desde pequeño escucha las palabras que se dicen en forma incorrecta.

En estos casos la correción es difícil pues constantemente el niño presenta confusión, al escuchar las palabras en dos diferentes versiones.  En estos casos es muy bueno, poder tener acceso a los padres de familia para guiarlos en el proceso de aprendizaje y corrección de palabras cotidianas que estos u otros allegados al niño, pronuncian incorrectamente.

La conciencia del problema de lenguaje que presenta un estudiante, no solo debe darse en el niño, sino también en su familia y otras personas que les rodean, ya que de ese modo, puede darse un trabajo completo, donde se integre el actuar del docente, pero también de otros adultos y niños mayores que le rodean.

Los materiales para ejercitar los movimientos orofaciales, son láminas que presentan dibujos o fotos para reforzar cada posición de la boca para poder producir los diferentes fonemas.   Se recomienda mostrarlas a los niños y empezar a pedirles por medio de la imitación, que hagan los diferentes movimientos, posteriormente, como otra actividad en diferente momento, se le motiva para que produzca los sonidos que corresponden.

A continuación, puede observar algunos materiales que se pueden utilizar en el trabajo con niños que presentan problemas de lenguaje, son láminas con ilustraciones de movimientos del rostro que permiten a los niños mejorar sus movimientos y mejorar a su vez la pronunciación; además aparecen láminas de ilustraciones, son dibujos de objetos cuyos nombres inician o finalizan con los mismos sonidos para que los niños las asocien.

Próximamente estaré agregando nuevos materiales más específicos para algunos fonemas que me han sido solicitados.

Si considera importante solicitar algún tema en especial, la invitación es permanente a que escriba por medio de un comentario, el tema de su interés.  ¡Gracias por la visita!  BENDICIONES